El funeral y los ritos de despedida a los fallecidos en el accidente ferroviario del pasado 24 de julio en Angrois marcan el final de la fase de impacto y su transición a todos los procesos posteriores, que familiares y amigos de las víctimas deben ir haciendo, para retomar una normalidad que se ha roto. También para los heridos y los suyos los ritos funerarios marcan un punto de inflexión, una mirada que permite empezar a ocuparse de la vida y ya no tanto de la muerte. Sea como sea la vida que sigue …
Si en el día después del accidente eran palpables en Santiago de Compostela y en todo el país el shock y la incredulidad, en el día después del funeral tanto los afectados directos como la sociedad necesitan hablar y desahogarse. Los medios de comunicación y las redes sociales recogen cartas a los fallecidos, cartas a las personas que atendieron a los heridos, cartas al maquinista, a los responsables gestores, a los políticos. Hay agradecimientos, hay preguntas, hay cuestionamientos, hay rabia. Estas necesidades de comunicación son adaptativas, ayudan a afrontar el retorno a la vida cotidiana, incluso a pesar de que, en algunos casos, las redes sociales muestren mensajes cuyo sentido a veces puede parecer dudoso.
Pero hay dos colectivos de personas que están calladas. No tienen heridas -ni físicas ni psicológicas-, no se les considera afectados directos porque no iban en el tren, no perdieron a nadie… Todos les hemos agradecido su presencia y sus esfuerzos en el momento del accidente. El primer grupo de personas son los vecinos de Angrois: fueron los primeros en llegar a las vías, no porque fueran más rápidos, es que ya estaban ahí. El segundo colectivo son los llamados intervinientes: bomberos, personal sanitario, cuerpos de seguridad, técnicos, policía científica,… Todos ellos están entrenados en gestionar e intervenir en situaciones duras, pero no en tragedias de esta envergadura. No con tantas personas fallecidas, no con tantos familiares rotos por el dolor, no con 33 heridos críticos.
Ambos colectivos están tratando de volver a la normalidad, a las tareas del día a día. Pero no es tan fácil: hay imágenes que vuelven una y otra vez (reexperimentación), hay sonidos que asustan y conmueven (hiperalerta), hay dificultades para dormir, hay…
Desde la UTCCB nos adherimos a la solidaridad y el reconocimiento a los vecinos anónimos y a los profesionales intervinientes. A veces nos quejamos de nuestros servicios y de nuestra sociedad. Estos días todos hemos podido comprobar cómo en momentos duros las personas responden, se solidarizan y saben qué hacer.
Pero nos parece importante formular una indicación: desgraciadamente existe ya amplia experiencia de lo que les ocurre a estos intervinientes y afectados indirectos. Otros desastres previos nos lo han enseñado. La recuperación de estas personas no debe quedar sometida exclusivamente a los recursos personales de cada una. Existen protocolos de reprocesamiento y pautas que pueden contribuir enormemente a acelerar su recuperación y que pueden evitar una cronificación del malestar. Y existen evidencias que dan soporte a su eficacia.